lunes, 25 de marzo de 2013

MI BARRIO


El cura se murió. Entré en la iglesia a despedirlo. La iglesia donde crecí entre sermones tercemundistas y santos repintados por mí.

La gente estaba agolpada en los pasillos. Aplaudían las manifestaciones de cariño, la lectura de los mails recibidos, algunos desde lejos.

Giré para mirarlos, para buscar alguna cara conocida entre tanta melena blanca.



El cura me vio crecer, por eso estaba ahí. Por eso y porque los emigrantes arrastramos el miedo a la desaparición fulminante, la sensación de que en cualquier momento sonará el teléfono y nos dirán que alguien murió y nosotros estamos lejos. Es como una culpa perpetua. Una culpa inútil.



En mi época de creyente le vi cambiar el rostro, emblanquecerse al escuchar mis confesiones. Ahora el ataúd estaba cerrado. Yo no me acerqué. ¿De qué podía servir apoyar mis manos sobre ese cofre de madera?



Cuando comenzó la misa huí por el pasillo y caminé por las calles de mi barrio. Cada casa es una cara que me viene a la memoria, una anécdota de la infancia. Todo a tropezones entre baldosas flojas y nuevos vecinos.

Ese continuo de historias y de rostros se parece a la muerte, según cuentan.
 
 
 
 
 

3 comentarios:

INTEGRAL DE MIM E DE MEU TEMPO ! dijo...

Andrea....
En primer lugar muy.. muy contento en recibirte en mi blog, mismo con tus dificultades en la lengua portuguesa no deberia ser así pero.. jajajajaja!
Me encanté por tus histórias... ese rescate que hiciste ahora de tu infância es algo muy lindo de se leer...
Pero me cuenta... esas fotos son del barrio de Avellaneda??
Fotos muy lindas y conozco el barrio... donde fui a veer un juego entre Velez y Boca, cuando estuve en Bs. As... Muy linda la entrada.
Ahora pienso que deberías ser una emigrante al cubo... Itália para Argentina, Argentina para España y España para México...
Y que el nuevo Papa argentino y hincha de Sán Lorenzo nos cuide como hijos de Diós...
Besitos ...muy linda eres..!!
Marco

L.P. dijo...

Volver es añorar esas caras que cambiaron o se fueron. Ese tiempo que ahora parece mejor, del que huimos y al que no paramos de volver.

Me encantó esta entrada, y pasear contigo por sus calles. La luz es diferente, tal vez los problemas y las gentes sean las mismas pero con diferentes voces y otras caras.

abrazos a miles

Carlos de la Parra dijo...

La culpa es un acto innecesario para quienes no la tienen.
Los emigrantes buscamos nuestro espíritu y un lugar que acomode nuestras vivencias y salir de zonas sofocantes.
La nostalgia es un almacén para gratos recuerdos.