miércoles, 16 de julio de 2014

CORAZÓN PARTÍO

Con tanta fiebre de Mundial, quiero dar mi parecer:

Como emigrante he aprendido a querer al país donde vivo, a ser agradecida. Ninguno de mis abuelos me habló mal de Argentina o la comparó con Alemania, Italia o España. Jamás los escuché quejarse o los vi llorar. Mis abuelos me enseñaron a querer la tierra que piso. Me hace feliz saber que mi familia y mis amigos, de uno u otro lado del charco, se alegran de verme cuando paso por Buenos Aires o Málaga. También me hace feliz saber que aquí, en México, también los hay. He aprendido a no vivir dentro de un gueto, a hacer amigos donde quiera que viva. Sé que para mis amigos de Málaga soy una malagueña más. Tengo amigos muy queridos en muchos lugares del mundo. Y en todo este aprendizaje de ser emigrante, además de la humildad y el agradecimiento, está el haber desechado todo fanatismo, todo sentimiento nacionalista, aquel que cree que es mejor que el vecino. No así el patriótico, porque aún me sigue emocionando el himno y los logros de mi gente.

No sé qué me deparará el destino. Me gustaría morir en Málaga, aunque mis cenizas terminen junto al obelisco.

La bandera verde y blanca es la de Andalucía

lunes, 7 de julio de 2014