lunes, 21 de enero de 2013

CUMPLEAÑOS EN HACIENDA VISTA HERMOSA


Esta Hacienda la fundó Hernán Cortés en 1529.
 
 
Dicen que allí fue donde más tiempo vivió.
 
 
Ahora es hotel
 
 
 
 
 
 
 
y restaurante.
Allí me festejaron el cumpleaños,
 
                      café de olla
                            
entre jardines con lago y palmeras altísimas, pavos reales y casonas de piedra con mazmorra y túneles.

 
 
Desayunamos, almorzamos, y si hubiéramos llevado el pijama,
allí habríamos amanecido.
 
 
 
 

jueves, 17 de enero de 2013

VOLVER DE CACAXTLA

 
Dejarnos convencer por un taxista. Cambiar Atlixco por Cacaxtla, sin saber dónde está ni cómo llegar, sin saber lo que es. Llegar a la estación de Puebla y comprobar que los autobuses no salen de allí. Cruzar las calles y tomar un Flecha Azul desvencijado y hacerle prometer al chófer que nos avisaría. Viajar a los saltos y con frenazos cada doscientos metros por las lomas de burro, como hora y media, sacudidos como en una coctelera. Cambiar de estado: de Puebla a Tlaxcala. Ver que pasamos de largo la salida a Cacaxtla. Comprobar que el chófer te ignora. Confiar sin saber en qué o en quién. Ver otra salida: Xochitécatl. Cien metros después escuchar el chófer que dice, mirándonos a través del espejo: Ustedes van a las pirámides ¿no?, ya pasamos la salida. Caminar hasta el cruce. Comprar agua y galletitas en un almacén, entre paisanos y borrachos, antes de comenzar la subida. Aguantar el calor y el sol, paso tras paso, todo hacia arriba. Descansar bajo un árbol sentada en el bordillo. Ver aproximarse a un Atos rojo que viene subiendo y escuchar a tu marido que te dice: ¡Ni se te ocurra! Ponerte de pie de un salto porque “al que se le ocurrió” fue al del Atos rojo. Dejar que te suban a la cima. Dar las gracias y comenzar la visita. Caminar entre pirámides un 24 de diciembre, casi sin turistas.
 
 
Xochitécatl
 
Bajar de Xochitécatl campo traviesa.
Desembocar entre los yuyales en el cementerio.
 
 
 
Llegar otra vez hasta la carretera. Tomar un autobús hasta el cruce de Cacaxtla y esperar allí una combi que te suba hasta la entrada. Pasear por las ruinas pintadas y techadas.
 
Cacaxtla
 
 
Comerse unos chilaquiles en el restaurante de las ruinas. Esperar la combi que te bajará. Mientras, darle todas tus galletitas a un perro callejero. Ver las señas del chófer de la combi que sube y tomarla a su regreso y dejar que te lleve, sin saber hasta dónde. Llegar a la plaza de Nativitas que habías visto en el viaje de ida. Esperar, sin tener la certeza de poder volver a Puebla.
 
Nativitas
 
Cambiar el Flecha Azul, que según dicen ya no pasa, por otra combi que te dejará en Zacatelco. Viajar en asientos enfrentados al son de la cumbia. Ver subir a una pareja, emperifollados. Él con su mejor camisa, su pelo engominado y atado con una larga trenza, y recordar que faltan pocas horas para la fiesta. Bajarte de la combi, por intuición, en una calle atestada de gente. Correr entre las multitudes de Zacatelco y treparte al primer bus que tenga el cartel de Puebla. Dejarte llevar mientras cae la noche y el Popo se asoma entre los edificios.
 
Popocatepetl
 
Comprobar que un semáforo cambia cuatro veces y el autobus no se mueve y el chófer no se inmuta. Andar kilómetros y ver que un taxi se mete en el camino e, inevitablemente, lo arrollará el bus en el que viajas. Gritar ¡Ay, ay, ay! sin tener conciencia, desde tu primera fila, frente a la indiferencia del resto del pasaje. Esperar a que el chófer mire los bollos y las ralladuras y encare, indiferente, al dueño del taxi. Llegar frente a Capu, la estación de Puebla y hacer la cola, larga, larguísima, para tomar el taxi y volver al hotel. Ducharte, cambiar las zapatillas por zapatos y rezar para que haya algún restaurante abierto. Cenar tacos en Nochebuena y regalarle unas monedas a un Papá Noel mal vestido. Recorrer otra vez el zócalo y sus luces.
 
 
 
Zócalo de Puebla
 
No esperar a las doce para dar tu regalo.
Dormirte, plácidamente, tras un largo día.  
 
 

domingo, 6 de enero de 2013

REYES


Aquí el correo es tan poco fiable
 
que los mexicanos mandan las cartas en globo.
 
 
Así viajaron mis deseos.
 
Miguel, Erika y Amaral me ayudaron a enviar la mía.
 
 
 

viernes, 4 de enero de 2013

MISILES CONTRA LA IGLESIA




 
No,
 
globos con forma de lápiz.
 
 
San Miguel de Allende
Parroquia de San Miguel Arcángel
 

jueves, 27 de diciembre de 2012

EL MUNDO NO SE ACABÓ


Yo por las dudas me fui de viaje y me planté en la pirámide de Cholula,
 
la más grande del mundo en volumen.
 
 
Me metí en su interior y recorrí sus túneles,
 
 
«cholulié» un rato (esto es para los argentinos),
 
y presencié un ritual de bienvenida a la Nueva Era.
 
 
Un ritual con música,
 
 
danza,
 
 
rezos, incienso, cantos, encapuchados con sables,
 
 
 brujo,
 
 
príncipe azteca
 
 
y una intensa fumarola del Popo.
 
 
Ni Rasputin faltó a la cita.
 
 

miércoles, 19 de diciembre de 2012

FIESTAS DECEMBRINAS 2012/2013


La Navidad y el Año Nuevo son fiestas que ya no tienen religión, ni lugar, ni frontera. Se trata de festejar LA PAZ, aunque suene a reina de la belleza. LA PAZ que escasea. Y LA PAZ es ese hueco que nos hacemos para dejar de molestar al vecino, para llamar a los parientes olvidados, para esperar que en esos días no haya bombas, ni disparos, ni misiles. Y para que los límites y las banderas (de países, de fútbol, de religiones), flameen menos que la de LA PAZ que suena en cada brindis. Porque con cada bandera nos separamos. Porque tu ideología y la mía no se parecen. Porque tal vez en la puerta de tu casa haya más luces que en la mía.

Yo levantaré la copa a las doce de la noche. A las doce mexicana. Tú estarás al sur o al norte, al este o al oeste. En Buenos Aires o en Málaga. En Vicenza, en el DF, en Stratford o en Madrid, en Loja o en Rute, en Guadalajara, Nerja o Benalmádena, en Atenas, Granada, Cerdeña, Rouen, San José o Zaragoza.

Y brindarás a tu hora. En tu meridiano. Conmigo.

lunes, 17 de diciembre de 2012

ECOBICI


en el Parque Chapultepec
 
 
frente a la Torre Mayor y la Estela de Luz
 
 
o camino al Centro

 

 

lunes, 10 de diciembre de 2012

LOS CULPABLES


de que yo esté viviendo en México:
 
mi marido
 
 
y esa obra que se ve atrás.