Malcom Lowry pasó por Cuernavaca.
Estuvo un par de veces.
La primera en el Hotel Casino de la Selva, que tenía
manantiales, jardines y murales. Hoy es un espantoso hipermercado.
La segunda estuvo en una casa.
Hoy es un Hotel: «Bajo el volcán», como su libro.
No tiene murales, pero está junto al río, que encajonado
en el barranco, sigue cantado y deslizándose entre matas de helechos,
lianas y
árboles gigantes.
Yo dormí al son de ese arrullo.
Él pasó por La estrella para saciar su alma de
alcohólico empedernido, cuando aún el cartel de la entrada se respetaba a
rajatabla.
Yo me tomé un tequila.
Sentada en un
taburete junto al mostrador, frente al dueño, que repartía sus orejas entre la
telenovela y nuestros comentarios,
lamenté que no tuviera mezcal.
La Estrella es paredes con moho, fotos de chica
desnuda y de marcas de cerveza, un puñado de botellas medio llenas y un improvisado
alambre sostenedor de vasos.
Migue brindando conmigo
Al fondo, sobre esa pared desconchada y albiceleste,
la mirada de Malcom te da la bienvenida.
foto bajada de internet