domingo, 21 de octubre de 2012

UN AÑO


Acá
 
 
y otra vez la carrera por el cáncer de mama
 
 
 
 
y otra vez los alebrijes
 
 
y otra vez las calacas
 
 

viernes, 19 de octubre de 2012

FERIA del MOLE

En San Pedro de Atocpan
 
 
 
Y aunque no lo parezca, esto aún es el DF
 
 
Mole sobre tamales

 
y luego sobre conejo
 
 
¡Para chuparse los dedos!
 
 
y ahora, a comprar...
 
 
 

jueves, 11 de octubre de 2012

LA CASA DE LAS PALOMAS


Todas las ventanas son cuadros.
 

La casa de las palomas fue el mío
 
 
 
todo el último septiembre,
 
 
mientras estuve en Málaga.
 
 

lunes, 8 de octubre de 2012

BILOCACIÓN


Los emigrantes quisiéramos tener un clon
en cada ciudad en donde hemos vivido.
O lo mejor sería llegar a ser santos por un rato,
cada tanto,
sólo para poder bilocarnos.
Ver por un instante tu rostro,
atrapar las sonrisas,
los piropos,
achucharte,
escucharte,
para luego retornar a ese lugar
que ahora llamamos casa.
 
 

viernes, 28 de septiembre de 2012

MÁLAGA


Caminé por esa calle que
 
nunca había caminado:
 
angosta, árabe, desprolija.
 
Me crucé con un gato que me miró con miedo.
 
El Hammam aún ofrece sus servicios
 
en esta Málaga que cambia sin descanso,
 
que me mira de reojo,
 
que me atrapa,
 
que me suelta.
 
 
 calle Madre de Dios

viernes, 21 de septiembre de 2012

jueves, 20 de septiembre de 2012

VOLVER a CASA

A veces uno quiere volver a casa.
 
Una casa no es una ciudad, no es un país.
 
Una casa no es más que unas cuantas paredes
 
 que contienen nuestras cosas.
 
Un lugar donde podemos cerrar los ojos,
 
y descansar,
 
sin sentir culpa.
 
 
 
 


sábado, 8 de septiembre de 2012

VIVO AQUÍ


Paseando por Monument Valley me dije: Vivo en México.
 
¿Vivo en México?
 
Me sonó raro.
 
Muy raro.
 
Hoy, tomándome un gazpacho en la playa de El Palo, pensé: Yo vivo aquí.
 
¿Vivo aquí?
 
No, sin embargo eso sí me sonó natural.
 
 

viernes, 31 de agosto de 2012

MEXICAN HAT


Ya era de noche. Dejábamos atrás el North Rim, desértico, rojizo, sin nada que envidiarle al Cerro de los Siete Colores, y la presa Glen y el Navajo Bridge y el río Colorado y todo lo que quedó sin ver, Para el próximo viaje, dice él, Para el próximo viaje, mascullo yo. Él quiso una foto en cada curva y yo estoy hartita de tanta foto. Pará qué, si uno las mira sólo un par de veces. Repetila, exige, buf, buf, buf, salgo del coche, miro el reloj. Los móviles no sirven. El blackberry está muerto. No hay manera de avisar que llegaremos tarde. Habría que llamar, como en España. No, dice él, dormimos en el coche. Y uno no contesta, sólo viene a la cabeza la cifra de lo que ya está pago: 275 dólares, Sí, dormimos en el coche... Vas a un hotel en medio de la ruta, a un hotel con nombre: Mexican Hat, pero sin milla exacta, un hotel con una sola referencia: frente a la Shell, dice la reserva. Mucho antes de Kayenta la camioneta sólo anda con un cuarto de tanque. Ya es de noche. Encontramos una gasolinera, pero no hay gente. Él mete la tarjeta, pero la gasolina no sale. Y putea, y maldice, y teme que se cargue en la tarjeta la gasolina que no tuvo. Seguimos camino. Falta poco para Kayenta, dicen los carteles. En el cruce ves el anuncio con la flecha: Monument Valley y Mexican Hat a la izquierda. Respirás, pero todo es muy raro. Mexican Hat no aparece en google map. Qué es Mexican Hat. Es el nombre de mi hotel, hasta ahora, solamente, era el nombre de mi hotel, pero ahora es un lugar. Eso te tranquiliza. Eso, y la gasolina que fluye y se puede pagar. Él tiene hambre. Yo también, pero en Kayenta sólo hay Mc Donald y lo pasamos de largo. La ruta es muy oscura y muy recta. No se ve nada, no hay casi coches. Cuánto falta para Mexican Hat. Mirás su perfil y atinás a preguntarle: Estás cansado. No, para nada. A vos ir de acompañante te adormece, y esa recta, y esa oscuridad que se convierte en túnel. Los ojos se te cierran. Te vas poniendo bizca, pero mirás el reloj y caés en la cuenta: ¿Nos dejarán entrar? ¿Habrán guardado la reserva? ¿Dónde está Mexican Hat? Maldecís en silencio. Por adentro va el volcán. A él no le importa llegar tarde. Él duerme en el coche, dice. No veo los mojones. No sé por dónde vamos. No sabemos qué hay alrededor. No hay luces, no hay referencias, no hay carteles. Él mira el cuenta millas y afirma: Tenemos que estar cerca. Y vemos unas luces a lo lejos. Yo me entusiasmo, respiro hondo y pienso ¡Por fin!, con este cansancio, con esta incertidumbre, con tanta hambre, pero pronto me doy cuenta de que no puede ser, de que las luces están hacia adentro, de que la carretera está vacía, y él te dice: Teníamos que haber llegado. Dónde está Mexican Hat. Cuánto falta para Mexican Hat. Si en unos kilómetros no aparece pegamos la vuelta y preguntamos. Preguntamos a quién, en esas casuchas de navajos que dejamos atrás. Pero no decís nada, para qué, no es bueno pelear por las noches y menos cuando él conduce. Antes de una curva, un cartel anuncia: Navajo Nation, y más allá otro, frente a las luces del primer hotel en millas, nos da la bienvenida: MEXICAN HAT. Y cruzamos el San Juan, y miramos con ansiedad, y hay luces, y hay hoteles, y buscamos y divisamos a lo lejos el amarillo de la Shell. Aparcamos en la puerta. Un señor con sombrero de cow boy nos espera. Two nights, nos dice. Y yo suspiro, y todo es el far west: la casa de madera donde dormiremos, la gente jugando al billar, las fotos de John Wayne, el patio donde preparan barbacoa. Nos zampamos un chuletón con papas fritas. Dormimos como ángeles. Con la luz del día descubrimos el paisaje. A menos de una milla unas piedras nos llaman la atención. Eso, eso, grito yo acalorada, ¡Eso es Mexican Hat!
 
 
 

 

viernes, 20 de julio de 2012

DÍA DEL AMIGO


Amigos queridos,
los que comparten conmigo viajes,

obsesiones literarias,

comidas,

trabajos










o recitales,

a los que conozco desde la infancia




o desde la adolescencia,
a los que me visitaron en Málaga,
desde Argentina,

Francia,

Gran Bretaña,

Grecia

o desde otras ciudades de España,











con los que compartí cumpleaños,


eventos literarios,

despedidas,






regalos

o achuchones,

a los que viven cerca,

o los que ostentan otros «títulos» como hermano, cuñada,

primos,

tíos,









madre o marido










y a los que están en mi corazón, aunque no tenga fotos que lo corroboren,
a todos ustedes les dedico esta entrada y

¡FELIZ DÍA DEL AMIGO!