Fue el primero en hacer un estudio antropológico
de un pueblo de campesinos.
Luego muchos lo emularon, como Oscar Lewis,
y
sacaron sus propias conjeturas.
La mayoría discreparon.
Yo llegué a Tepoztlán como turista.
En la época de Redfield no estaban Los Colorines,
ni las multitudes trepaban el Tepozteco,
ni se dejaban robar por los coatíes,
ni hacían cola para tomarse una tepoznieve,
ni había quinceañeras sacándose fotos en alguno
de sus recodos.
Aún están en pie sus nueve iglesias, con su
patronazgo y sus fiestas.
Y muchos de sus habitantes nos remontan a la época de
Redfield.
En la plaza central presencié un meeting por el rechazo a la autopista,
y me conmovió ese pueblo defendiendo su libertad
y su paz.
Esa paz que sólo se respira durante la semana,
cuando los tianguis duermen la siesta del tiempo.




